Abres la puerta del bar y una pared de humo que huele a caramelo te da la bienvenida. Llegas a la barra de madera, pides tu cerveza, te vacían una litrona medio llena en tu vaso, que ahora rezuma espuma. Cojea tu cerveza, sales a la calle y esta lleno de gente borracha, vomitandose encima, balbuceando cosas o llorando. Ese es el momento en el que te das cuenta de quien es capaz de controlarse y quienes no. Eso es lo que nos diferencia.
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